SEMANA SANTA
HUELVA INFORMACIÓN
-MIÉRCOLES SANTO DE EMOCIÓN Y REENCUENTRO EN LA PROVINCIA DE HUELVA-
La provincia de Huelva vivió un intenso Miércoles Santo marcado por el regreso de numerosas hermandades a las calles tras la suspensión del pasado año por la lluvia, dejando estampas de profunda devoción, sobriedad y emoción en localidades como Aracena, Aroche, Cortegana, El Cerro de Andévalo, Trigueros y Zalamea la Real, donde tradición y fe volvieron a encontrarse con sus vecinos.
La noche del Miércoles Santo volvió a llenarse de emoción y recogimiento en Aracena con la salida procesional de la Hermandad del Divino Redentor Cautivo y María Santísima de los Desamparados, una de las citas más esperadas de la Semana Santa serrana. Tras la amarga experiencia del pasado año, cuando la lluvia impidió realizar la estación de penitencia, los cofrades pudieron, por fin, reencontrarse con su pueblo en las calles.
El paso del Divino Redentor Cautivo avanzó con sobriedad, acompañado por los sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Aracena, que imprimieron carácter y fuerza a un cortejo que destacó por su compostura. Tras Él, María Santísima de los Desamparados puso el contrapunto de dulzura bajo las marchas interpretadas por la Banda Municipal de Música de Aracena, envolviendo su caminar en un halo de elegancia y solemnidad.
La hermandad presentó este año importantes estrenos fruto del esfuerzo constante de sus miembros. Entre ellos destacó la restauración del juego de varas del Hermano Mayor, así como las correspondientes a mayordomos y diputados, recuperando su esplendor original. También ha sido objeto de intervención el llamador del paso del Cristo, una pieza en bronce original de Pepe Antonio Márquez que, tras su mejora, volvió a lucir con renovado brillo. En el paso de la Virgen se ha incorporado dos nuevos violeteros situados en la parte delantera, un detalle que viene a enriquecer el conjunto y que refleja el compromiso de la hermandad por seguir avanzando en la culminación de su patrimonio artístico.
Otro de los aspectos más destacados de la jornada fue la modificación del recorrido procesional, motivada por las obras en la Avenida de Portugal. Este cambio obligó a suprimir el paso por las calles Santa Lucía y Dolores Valladares, optando por descender por la calle Campito hasta enlazar con San Blas, donde retomó su itinerario habitual. A pesar de estas alteraciones, la procesión se desarrolló con normalidad, arropada por numerosos vecinos y visitantes que no quisieron perderse este esperado regreso a las calles. El Miércoles Santo de Aracena recuperó así una de sus estampas más significativas, dejando atrás la incertidumbre del pasado año y reafirmando la fe y la tradición de todo un pueblo.
Aroche vivió una de las estampas más singulares de su Semana Mayor, con la salida procesional de la Hermandad de los Dolores y la Hermandad del Cristo de la Humildad y Paciencia, en una jornada marcada por la devoción, la tradición y el simbolismo del esperado encuentro entre ambas imágenes.
La Virgen de los Dolores, que ya había procesionado el pasado Viernes de Dolores, volvió a recorrer las calles de la localidad partiendo desde la Iglesia Parroquial de la Asunción, despertando de nuevo el fervor entre los fieles. Así mismo, desde la ermita del Cristo hacía su salida el Cristo de la Humildad y Paciencia, una imagen de gran valor artístico cuya autoría se atribuye tradicionalmente a José Mora, de la escuela granadina, aunque algunos estudios apuntan también al escultor sevillano Pedro Roldán.
El momento culminante de la noche llegó con el tradicional encuentro entre ambas imágenes, un instante cargado de emoción que volvió a congregar a numerosos vecinos y visitantes. En ese diálogo silencioso entre Madre e Hijo se concentró la esencia de la jornada, en una escena que cada año renueva su intensidad y significado.
Tras el encuentro, la comitiva procesional emprendió su camino conjunto hacia el templo parroquial de la Asunción, en un itinerario que transcurrió entre el respeto y la solemnidad del público asistente. El acompañamiento musical corrió a cargo de la Banda Municipal Juan Fernández Vázquez de Aroche, cuyos sones aportaron profundidad al discurrir de los pasos.
El Miércoles Santo de Aroche volvió así a mostrar su identidad propia dentro de la Semana Santa onubense, manteniendo vivas sus tradiciones y ofreciendo una de las citas más esperadas por cofrades y devotos, donde historia, arte y fe se funden en una misma expresión popular.
Cortegana recuperó en la noche del Miércoles Santo una de sus estampas más esperadas con la salida procesional de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Nuestra Señora de la Esperanza, en una jornada marcada por la emoción contenida tras varios años de ausencia, ya que no procesionaba con normalidad desde 2019, y que volvió por fin a reencontrarse con su pueblo después de que las inclemencias meteorológicas impidieran la salida el pasado año 2025. Este esperado regreso convirtió la procesión en un acontecimiento especialmente significativo, vivido con intensidad por cofrades y vecinos.
Ambas imágenes realizaron su salida desde la Parroquia del Divino Salvador. Nuestro Padre Jesús de la Humildad, talla anónima fechada en 1928, abrió el cortejo con su serena y sobrecogedora presencia, despertando el respeto y el silencio a su paso por las calles de la localidad. Tras Él, Nuestra Señora de la Esperanza, obra del imaginero sevillano Juan González Ventura realizada en 1997, iluminó la noche con su elegancia. La imagen mariana fue recibida con muestras de cariño en distintos puntos del recorrido, en una jornada que dejó estampas de especial emotividad. Cortegana recuperó así una de sus tradiciones más queridas, cerrando una etapa de incertidumbre y devolviendo a las calles la fe y la esperanza de todo un pueblo, que aguardaba con anhelo este reencuentro largamente esperado.
El Cerro de Andévalo volvió a sumirse en el más profundo recogimiento con la salida procesional del Cristo Atado a la Columna, de la Hermandad del Santísimo Sacramento y Santo Entierro de Cristo, la cofradía más antigua del municipio, cuya erección canónica se remonta a 1552.
La procesión, que partió sobre las ocho de la tarde desde la Parroquia de Santa María de Gracia, ofreció una de las estampas más sobrias de la Semana Santa cerreña. El Cristo Atado a la Columna, una obra del siglo XVII atribuida al escultor sevillano Francisco Villegas, discípulo de Juan Martínez Montañés, avanzó por las calles sin acompañamiento musical, que acentuó el carácter penitencial del cortejo.
La hermandad, que cuenta con tres titulares y mantiene una destacada presencia a lo largo de la Semana Santa local, volvió a demostrar el arraigo y la devoción que despierta entre los vecinos. El discurrir del paso fue seguido con respeto por numerosos fieles que acompañaron al Señor en su recorrido. El cortejo concluyó su estación de penitencia con la llegada a la ermita de Nuestra Señora del Mayor Dolor, donde se produjo la recogida, poniendo fin a una jornada que volvió a poner de relieve la riqueza histórica y devocional de El Cerro de Andévalo.
Trigueros celebró el tradicional Vía Crucis del Cristo de los Remedios, una cita marcada por el recogimiento y la oración. La venerada imagen de este Cristo es una escultura en madera policromada del siglo XV, de autor desconocido, que fue traída desde los Países Bajos en 1660 por Lucas Francisco Villaseñor. Actualmente, recibe culto en la capilla del Señor de los Remedios, en la Parroquia de San Antonio Abad, desde donde partió para recorrer las diferentes calles de la localidad.
Portado a hombros, el Cristo avanzó en un ambiente de profundo silencio, arropado por representantes de todas las hermandades de Trigueros y por los grupos parroquiales, que acompañaron este acto de fe compartida. A lo largo del recorrido, se fueron sucediendo las distintas estaciones del Vía Crucis, en las que se iba realizando el rezo. La sobriedad del acto, carente de acompañamiento musical, contribuyó a reforzar el carácter penitencial de la jornada, en la que solo el murmullo de las oraciones y el sonido de las pisadas acompañaron al Señor de los Remedios en su caminar.
Zalamea la Real recuperó una de sus jornadas más esperadas con la salida procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno, representado en su advocación de Cautivo, y María Santísima de los Dolores, en un regreso marcado por la emoción tras la suspensión del pasado año a causa de la lluvia. El cortejo partió desde la Parroquia de la Asunción con numerosos vecinos que no quisieron perderse este reencuentro de la hermandad con las calles del municipio. Ambas imágenes, obra del orfebre zalameño Manuel Domínguez Ramírez, fechadas en 1954 y 1960 respectivamente, volvieron a poner de manifiesto el arraigo de esta procesión en la localidad.
El Cautivo abrió el desfile acompañado por los sones de la Agrupación Musical La Esperanza, llegada desde Salamanca. Este año, además, el paso del Señor presentó como novedad el estreno del charolado, un detalle que realzó aún más su estética. María Santísima de los Dolores llenó de elegancia la noche, acompañada por la Banda de Música Don Justo Ruiz de Zalamea la Real. Sus marchas envolvieron el caminar de la dolorosa, generando momentos de especial emoción entre los asistentes.
El recorrido se desarrolló con normalidad y en que la Hermandad de Penitencia pudo resarcirse de la imposibilidad de procesionar el pasado año.






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