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LA VOZ DE LA SALUD / ¿ PORQUE SE PRODUCE LA OSTEOPOROSIS? ¿ COMO DEBE SER MI DIETA PARA MEJORARLA /


Los expertos destacan que, en la actualidad, existen varias familias de fármacos que permiten recuperar la densidad ósea



L a llaman la enfermedad de los huesos rotos, aunque sus implicaciones van mucho más allá. La osteoporosis es, por definición, una enfermedad sistémica. Sus repercusiones se dan en todos los sistemas del organismo. Lo reconocible y principal son las fracturas osteoporóticas, como las de fémur, vértebras, húmero o pelvis. Sin embargo, «estas lesiones no están exentas de complicaciones médicas y pueden provocar la descompensación de otras patologías crónicas que padece el paciente», expone la doctora Aina Capdevila, coordinadora del grupo de Osteoporosis y Metabolismo Mineral de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Es silenciosa, hasta que aparece el problema. A medida que se pierde densidad mineral ósea, el hueso se vuelve más poroso, y con más aire o celdillas en su interior.

En esta afección, conviven factores genéticos, de estilo de vida y el propio envejecimiento. En condiciones normales, una persona alcanza entre los 30 y los 35 años, una cantidad de masa ósea máxima. Es el pico de su vida. No obstante, a partir de aquí, este número empieza a reducirse de manera natural. Todo ello se produce debido al fenómeno de remodelado óseo, que es la forma en que los huesos se renuevan con el paso del tiempo. Lejos de lo que se suele pensar, no son estructuras inertes o rígidas, sino que se encuentran en constante evolución. En cada ciclo, unas células eliminan tejido viejo y otras lo sustituyen por hueso nuevo. Hasta la tercera década de la vida aproximadamente, la formación supera a la destrucción y la masa ósea aumenta, y aunque desde este punto, el proceso continúa, la balanza empieza a inclinarse lentamente hacia la pérdida de hueso. Así, empieza a ser normal que se destruya un poco más de lo que se forma.

Afecta más a las mujeres por dos razones. En primer lugar, porque el pico de masa ósea es menor que el del hombre y, en segundo, debido a la menopausia, que agrava la pérdida de hueso. «Se produce una caída de los estrógenos que acelera el desgaste óseo. Mientras que en la etapa previa se pierde un 0,5 % de masa ósea, tras la menopausia esta pérdida aumenta a entre un 2 o 3 % anual y se mantiene a lo largo del tiempo. Si a este proceso biológico le sumamos el incremento de la esperanza de vida, resulta evidente por qué muchas mujeres presentan un deterioro óseo significativo», explica la doctora Capdevila, quien también reconoce que el factor genético es fundamental. Las mujeres presentan un mayor riesgo de padecerla si tienen familiares de primer grado que hayan sufrido fracturas osteoporóticas. Además,existen otros determinantes. «El riesgo es menor en las personas de ascendencia africana en comparación a la población caucásica y asiática», expone la especialista.

Por último, se encuentran los hábitos de vida y la convivencia con otras patologías. Existen numerosos factores que pueden favorecer la pérdida de masa ósea. Entre ellos figuran el consumo excesivo de alcohol, algunos medicamentos —como los glucocorticoides o determinados tratamientos hormonales utilizados frente al cáncer de mama y de próstata—, así como diversas enfermedades crónicas, entre ellas las inflamatorias reumáticas, las alteraciones endocrinas, las patologías hepáticas o la insuficiencia renal.

En todos estos casos, el equilibrio natural entre la destrucción y la formación de hueso puede alterarse, lo que favorece que el esqueleto pierda densidad y se vuelva más frágil.

La buena noticia es que hay varias maneras de hacerle frente. La alimentación y el movimiento contrarrestan la osteoporosis. De esta forma, resulta esencial consumir una correcta ingesta de calcio y proteínas: «Los trastornos alimentarios y malabsortivos son una causa frecuente de esta patología en pacientes premenopáusicas», añade la experta de la SEMI. En lo que respecta al ejercicio, «se recomienda realizar regularmente actividades de fuerza y resistencia, con pesas, así como de impacto, como caminar o correr, ya que este tipo de esfuerzo le dice al hueso que debe activarse y fortalecerse», cuenta la doctora. La especialista también aconseja incluir actividades como el yoga o el taichi, porque trabajan el equilibrio lo que reduce el riesgo de caídas, el principal motivo que desencadena la rotura.

En esta enfermedad, todo lo que se hace en la juventud tiene un enorme impacto en la edad adulta, ya que se puede ir aumentando el pico de densidad ósea: «Esto nos dará una mayor reserva para que el desgaste futuro tenga menor impacto», recuerda la coordinadora de grupo de la SEMI.

Según la Sociedad Española de Reumatología (SER), en España tres millones de personas padecen la enfermedad. Además, alertan de un aumento en menores de cincuenta años, especialmente, «por causas secundarias como el uso prolongado de glucocorticoides, trastornos endocrinos y enfermedades inflamatorias crónicas o autoinmunes», comenta. Se espera que la cifra de afectados crezca en la próxima década debido a la mayor esperanza de vida y al cambio de hábitos, con más sedentarismo, más consumo de ultraprocesados y menos de calcio, y un uso cada vez más frecuente de corticoides.

Los tratamientos actuales para la osteoporosis no solo ayudan a frenar la pérdida de masa ósea, sino que, en muchos casos, también logran aumentar la densidad de los huesos y reducir el riesgo de fracturas, uno de los principales problemas asociados a esta enfermedad. En la actualidad, existen, según la SER, tres tipos de fármacos disponibles. Los antirresortivos, que evitan la pérdida de masa ósea; los osteoformadores, que estimulan la formación de nuevo hueso; y los duales, que cumplen ambas misiones.

Sin embargo, en un documento de la SEMI, se insiste en que la medicación debe ir acompañada de unos hábitos adecuados. Uno de los pilares es garantizar una ingesta suficiente de calcio, cuyas necesidades varían en función de la edad, el sexo y el riesgo individual de desarrollar osteoporosis. En la mayoría de los adultos, la cantidad recomendada oscila entre 1.000 y 1.500 miligramos diarios. Este aporte puede obtenerse a través de alimentos ricos en calcio, como la leche y sus derivados, o, cuando sea necesario, mediante suplementos.

La vitamina D también desempeña un papel esencial en la salud ósea, ya que facilita la absorción del calcio. El organismo la produce principalmente cuando la piel se expone a la luz solar, por lo que, en personas con escasa exposición al sol, puede ser recomendable recurrir a suplementos para cubrir las necesidades diarias.

La prevención de las caídas constituye otro aspecto clave en el abordaje de la osteoporosis. Realizar actividad física de forma regular y adaptada a la edad y a la condición física contribuye a mejorar la fuerza muscular, la coordinación y el equilibrio, reduciendo así el riesgo de sufrir fracturas. Además, especialmente en las personas mayores, la SEMI anima a prestar atención a factores olvidados con frecuencia, como puede ser una buena iluminación en el hogar, el uso de un calzado adecuado y quitar los obstáculos o elementos que puedan provocar tropiezos.

¿Qué debo comer si tengo osteoporosis?

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) explica que el mineral esencial para los pacientes de osteoporosis es el calcio. Sin embargo, no vale cualquier tipo, ni cualquier combinación de alimentos. «La fuente nutricional de calcio por excelencia son los lácteos, por su alto contenido y por su mejor absorción intestinal por factores como los fosfopéptidos de la caseína o la lactosa. Por el contrario, los fitatos y oxalatos dificultan la absorción del calcio de los alimentos de origen vegetal, como es el caso de las legumbres, frutos secos, verduras y hortalizas, haciendo que su biodisponibilidad sea menor en algunos casos», precisa la entidad. Por esta razón, se aconseja separar la ingesta de lácteos de cereales integrales, legumbres, frutos secos o semillas oleaginosas. Con todo, precisa la SEEN, si las legumbres se dejan a remojo, se reduce la cantidad de fitatos, lo que mejora la absorción del calcio. También está la particularidad del cacao, por ejemplo, que tiene un alto contenido en oxalatos. «En muchas ocasiones, la leche que se consume es chocolateada y aporta menor cantidad de calcio que si se tomara de forma natural», señala.

Por su parte, las brasicáceas, como el brócoli, la coliflor, las coles de Bruselas, las berzas o la col china tienen una mayor biodisponibilidad de calcio que la leche. El problema es que, en algunas ocasiones, producen alteraciones digestivas. Además, es más difícil incluirlas a lo largo del día.

Las frutas desecadas, como higos, albaricoque o pasas, pueden ayudar a completar la ingesta diaria de este micronutriente, al igual que las bebidas vegetales enriquecidas con leche, cuyo efecto e similar a la leche, solo que hay que agitarlo bien porque el calcio se deposita en la base.

El calcio no está solo en la tarea de luchar contra la osteoporosis. La vitamina D desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de una estructura ósea saludable. Además de favorecer la absorción del calcio en el intestino y regular su eliminación a través de los riñones, esta vitamina interviene directamente en el equilibrio del tejido óseo.

Cuando los niveles de calcio en sangre son insuficientes, la falta de vitamina D puede favorecer la resorción ósea, un proceso por el que el organismo extrae calcio de los huesos para incorporarlo al torrente sanguíneo. Por este motivo, mantener unos niveles adecuados de vitamina D, junto con un aporte suficiente de calcio, resulta esencial para prevenir la pérdida de masa ósea, especialmente en personas con osteoporosis.

A su lista de ventajas, se suma un efecto positivo sobre la función muscular, ya que contribuye a mejorar la fuerza y la estabilidad, factores importantes para reducir el riesgo de caídas y, con ello, la posibilidad de sufrir fracturas. Para obtenerla, hay que exponerse al sol. Es más, se estima que, aproximadamente, el 90 % procede de la síntesis que realiza la piel al recibir luz del sol, mientras que menos del 10 % se obtiene a través de la alimentación.

Entre los alimentos que aportan vitamina D3 destacan los pescados grasos, como el salmón, la caballa, el atún o las sardinas, además de los mariscos, los huevos —especialmente la yema—, los productos lácteos, el hígado y otras vísceras. En el caso de las personas que siguen una dieta vegana, también existen fuentes vegetales de vitamina D2, como algunas setas.

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